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miércoles, 1 de agosto de 2012

Trabajo para cambiar

Me desperté inspirada.


Ayer tuve jornada de home office de 12 horas con dos compañeras de trabajo. JAMÁS, pero... JAMÁS, me había pasado de disfrutar algo así. En otro trabajo probablemente me hubiera angustiado profundamente.  Hoy en cambio, me significa productividad, optimismo, inspiración. Trabajar en lo que trabajo, es un fin en si mismo, y es suficiente para llenarme.
   
Muchos eventos en esta última semana me hicieron ver que somos muchos los que estamos trabajando por otra sociedad. Otra realidad para los que vivieron en los márgenes durante demasiado tiempo.

Hay cosas que así no van. Sencillito. Pero no se trata tanto de decirlo, sino de hacer lo que haya que hacer para cambiarlo.

Algunas organizaciones cuyo trabajo sigo de cerca.


Crear Vale la Pena: Organización no gubernamental que impulsa la transformación social a través del arte.
www.crearvalelapena.org.ar/

Banco de Alimentos: Fundación sin fines de lucro que funciona como nexo entre comedores y donantes, garantizando un canal de donación transparente y eficiente.
www.bancodealimentos.org.ar/

TECHO: Organización no gubernamental que trabaja junto a jóvenes y vecinos de barrios urbano-marginales en el desarrollo comunitario a través de la construcción de viviendas, la organización de mesas vecinales y la implementación de planes de educación, salud, microcréditos y huertas.
www.techo.org.ar

Fundación ph15: Organización no gubernamental que utiliza la fotografía para fomentar capacidades expresivas, comunicacionales y técnicas en niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad a través de talleres destinados a fomentar la inclusión social.
www.ph15.org.ar


Y tantas otras...




(Foto via Pinterest)

sábado, 23 de junio de 2012

¿Qué pasó en Mayo/Junio?


Con la velocidad de la luz, pasaron dos meses bisagra en mi vida.


Volví a dibujar...



Vi un show de la murga Agarrate Catalina con dirección de Tabaré Cardozo que, parafraseándo a esa murga, movió los adoquines de San Telmo y los míos también…




Aprendí a destapar una fresca con una botella de gaseosa...



Entre café y tostadas, arranqué una Pyme con un amiga ilustradora...



No bailé son cubano, y ya me duele el pecho de lo que extraño...




Fui a ver un recital de Tan Biónica y se convirtieron en mi placer culposo de tardes de locura (Foto: Facebook Oficial Tan Biónica)...




Renuncié a mi trabajo en la BIG compañía y empiezo a trabajar en una ONG por el pancho, la coca y las ganas de generar un cambio (Foto: Pinterest)...



A...


Y sigo sin enamorarme...




lunes, 6 de febrero de 2012

Donde se detiene el tiempo



Varias veces al día pienso en viajar. En lugares que visité, o lugares que quiero visitar.

Mi último destino fue Costa Rica en un viaje fugaz. Por lo corto que fue, no puedo decir que conozca el país, sino apenas un diminuto rincón llamado Santa Teresa. Una bella amiga está viviendo ahí (de esa gente iluminada de la que suelo hablar). Hacía tiempo que no veía a esa rubia de ojos celestes que anda por el mundo con un arito en la nariz, una sonrisa de oreja a oreja y vistiendo lo primero que encontró limpio en la mochila.

Hace un año y medio decidió armar el bolsito y partir sin boleto de vuelta. Hoy trabaja en un restaurant de unos conocidos en Sta Teresa y conserva la sonrisa que la caracteriza, y que por momentos se olvidaba de mostrar en Buenos Aires.



Otra amiga iluminada, su gemela en el mundo (porque hay casos en los que no hace falta ADN), hacía tiempo que tenía su pasaje en la mano para ir en su encuentro. Por eso, y porque necesitaba contagiarme de su AXÉ (googleen esa palabra mágica, no tiene traducción válida en mi corazón), es que saqué un pasaje de avión para sumarme a la travesía.



Si, una semana. Una semana que me alegró el corazón y aún me hace sonreír. Increíble lo que rindió esa semana y lo que me transgredí a mi misma, en el mejor sentido de la palabra. Sin horarios, sin preocupaciones, sin mambitos ni rollos de esos que abundan en mi cabeza. Una semana que rindió como un mes.



Y entonces pasé 7 días en el mar, y las pocas horas que mi cuerpo no se sumergía, me aseguraba de dejar el corazón entre ola y ola para no extrañar. Es increíble lo que me calma el mar, como ninguna otra cosa en el mundo. Definitivamente es mi lugar en el universo.

Volví a subirme a una tabla de surf, y a caerme, y a volver a subirme. Y cuando me volvía insoportable, y quería darme por vencida mandando todo al carajo, ahí aparecían ellas. Las gemelas Olsen que tengo de amigas (en su versión más bizarra), usaron su voz más aguda para decirme que dejara de joder y quejarme y usara esa energía para volver a intentarlo una vez más... y otra... y otra. Admiro su paciencia para fumarme frustrada...

También tuve un pequeño amor de verano. Si, lo digo así al pasar, es mi forma de restarle entidad. Y con su sonrisa me bajó del pony de un ondazo. Yo haciéndome la canchera, jugándola de superada, y el joven galante vino a sacarme todas las armaduras y mostrar lo sencillitas y profundamente bellas que pueden ser las relaciones humanas.

Y entonces aprendí que puedo aflojar, que el caballero en su brillante armadura no buscaba hacer daño, sino conocerme y hacerme reír, si acaso yo lo permitía. Y con cada una de sus sonrisas me enseñó que soy más transparente de lo que pienso. 

Costa Rica fue... 

Pura Vida!